Profesionales en geriatría
Reflexionando sobre ética en el ejercicio profesional de un/a auxiliar de geriatría, de los primeros pensamientos y sentimientos que vienen a mi mente, es la responsabilidad que tenemos hacia las personas más vulnerables. Nuestras actuaciones y buenas prácticas profesionales van a influir en su calidad de vida y eso es una responsabilidad que cada profesional del equipo humano que trabaja en una residencia con personas mayores o dependientes, debe de sentir cada día.
El cuidado y la atención de nuestros residentes y sus familias, es una oportunidad de crecimiento personal que se no brinda en el día a día, puesto que nos ofrece la ocasión de descubrir en nosotros cualidades y aptitudes, que desarrollando otro tipo de actividad podrían pasarnos desapercibidas.
Por ética entendemos el conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Las definiciones según diccionarios y eruditos en la materia son algo a tener muy en cuenta, pero me gusta más hablar desde la experiencia, sobre el terreno en el día a día. Igual no es tan científico, pero la experiencia siempre ha sido un grado, o al menos así me lo han enseñado.
Cuando hablamos de la ética en el cuidado de una persona vulnerable, nos estamos refiriendo a la forma de cuidar y atender de forma integral a un ser humano, sin caer en paternalismos y siendo un profesional eficaz y cercano. Nos preocuparemos del bienestar de su cuerpo físico sin olvidarnos que es una persona con pensamientos, sentimientos y derechos como nosotros, exactamente igual; por lo tanto, ejercer la empatía, además de lo que acabo de exponer será un punto más que positivo. Es un valor añadido a nuestras técnicas y cuidados profesionales.
Después de este preámbulo o pequeña introducción que he visto necesario para encuadrar lo que quiero expresar, como os decía, voy a contar nuestra experiencia en el Grupo Las Mimosas, cómo entendemos la ética en nuestro trabajo día a día. Qué valores pedimos a nuestros trabajadores y trabajadoras, cómo nos gusta trabajar.
De entrada, siempre tenemos muy en cuenta la formación y experiencia adquirida en la trayectoria profesional del candidato/a, pero en la entrevista previa a su incorporación prestaremos una especial atención los siguientes principios, que para nosotros son reglas de oro y que además pueden añadir “valor” a nuestra profesionalidad.
La dignidad humana. Todas las personas tenemos derecho a vivir y envejecer dignamente. Es un valor intangible de todas las personas, que parte de la libertad, la inteligencia y la autonomía inherente a todo ser humano
Respeto a la autonomía del usuario, siempre dando prioridad a las decisiones tomadas por nuestros residentes, sin juzgar, siempre negociando, explicando y haciendo entender el asunto en cuestión.
La eficiencia, siempre intentando desarrollar nuestro trabajo con la máxima calidad posible, de manera que la persona a la que atendemos, se encuentre cómoda y atendida de una forma integral.
La intimidad de nuestros residentes: Tienen una vida privada que cada ser humano guarda en su interior y que decide o no compartir con los demás: sentimientos, deseos, ideologías, creencias, incluso algunos datos de salud que están protegidos por la Ley
La privacidad, muy relacionada con la intimidad. La vida privada es muy amplia y abarca muchos aspectos de nuestra vida. Pero hay que tener claro, que no todo lo privado es íntimo. Es privado nuestro número de teléfono, nuestra talla de pantalón o blusa, nuestros pensamientos y muchísimas cosas más que seguro el lector podrá identificar haciendo un repaso de su propia vida.
La confidencialidad es el respeto, el silencio, la discreción ante determinadas cuestiones de la vida privada e íntima del residente y que tiene que mostrar un/a auxiliar en geriatría profesional.
Entre el profesional y el residente se establecen vínculos de confianza, que el profesional nunca debe de obviar porque estaría incurriendo en un grave error. En muchas ocasiones los residentes comentan, comparten datos de sus vidas en otros tiempos, problemas familiares, preocupaciones y miedos, que debemos de escuchar desde el más absoluto de los respetos e intentar suavizar al máximo. Pero es necesario tener muy claro y muy interiorizado, que esa confianza que depositan en nosotros es invulnerable y que de no ser así les estamos fallando a ellos y a nosotros mismos.
Hablando de confidencialidad destacaremos que un/a auxiliar en geriatría de una residencia, conoce patologías, medicaciones, datos de salud del residente, los cuales debe de callar y no difundir puesto que pertenecen a la vida privada de nuestro/a residente. En cambio, sí serán compartidos con el médico, la enfermera… de la residencia porque son datos que se deben de poner en común con el equipo multidisciplinar o profesional que corresponda, porque esos datos son importantes para la salud y calidad de vida del residente. Incluso en muchas ocasiones es oportuno, decirle a nuestro residente, que se va a poner en conocimiento del profesional correspondiente. Nunca se comentaran detalles con otro compañero/a, sean íntimos o privados. Los cotilleos degradan a las personas y a su entorno.
Información suficiente y comprensible. Es necesario informar al residente de cualquier decisión que se vaya a tomar entorno a su persona, de cualquier cambio porque si son capaces de razonar, merecen una explicación y la merecen como personas adultas que son. Y muchas veces les informaremos para que ellos puedan elegir libremente. Estableceremos conversaciones con lenguajes coloquiales y fáciles de entender, sin tecnicismos, utilizando palabras sencillas de comprender y explicaremos las cosas cuantas veces sea necesario. Siempre en un tono de voz amable y con una sonrisa abierta. La calidez en la voz y la sonrisa, hacen maravillas incluso en las personas con cualquier tipo de demencia.
La conciliación. Con la convivencia es posible que surjan los conflictos y ante ellos nuestra intervención siempre será uniendo e intentado llegar a un punto común de entendimiento, donde nadie pierde y todos ganan. Muchas veces negociando el tan buscado punto intermedio, muy beneficioso para todas las partes de un conflicto.
En la conciliación los profesionales tienen una responsabilidad ineludible hacia las personas, hacia terceros y sobre todo intentando alcanzar el bienestar integral de las partes interesadas. Podemos decir que ante determinados conflictos, un/a auxiliar de geriatría actúa como mediador o mediadora. En nuestros centros buscamos profesionales comprometidos con el bienestar y la calidad de vida de nuestros residentes.
Debemos de tener muy presente, que en la mayoría de las ocasiones, nuestros residentes son personas se encuentran en el tramo más vulnerable y último de sus vidas. Esto es una gran responsabilidad y por qué no decirlo: un motivo de orgullo por haber sido los elegidos para vivir esta fase con nosotros. Merecen que les demos una respuesta lo más profesional y de calidad posible. Merecen que estemos a la altura de sus expectativas.
Debemos de tener más que claro, que la cercanía, la consideración positiva y el respeto, no han de faltar en el trato con las personas mayores o en situación de dependencia.